Nos vamos a tener que acostumbrar a ver este Valencia en los partidos de Liga de Campeones. Un comienzo descuidado, mejorado a base de goles y juego de ataque. Además, la faceta defensiva se ha mejorado respecto al partido de Atenas.
Qué bien salió al césped de Mestalla la Roma de Totti. Toque en el centro del campo, llegada de los centrocampistas y paredes venenosas que no acabaron en gol por suerte para los de Quique.
A pesar de todo ello fue el Valencia el que se adelantó en el marcador con una volea de Angulo en el área italiana. El semifallo de Villa en su intento de remate lo aprovechó su paisano para alojar el esférico en la red rossonera. El resultado no hacía justicia a lo visto en el terreno de juego.
Los de Spalletti no se vinieron abajo ni mucho menos y siguieron atacando en busca del merecido tanto. Una de las subidas del lateral izquierdo Tonetto -muy participativo en la primera parte pero desaparecido en la segunda- desembocó en un centro que Moretti no supo despejar y que se quedó a vivir en el área de Cañizares. Cassetti se adelantó a su compatriota y el zurdo del Valencia le abrazó para evitar el remate. Resultado: penalti y gol.
La sombra de Totti estaba tan presente en Mestalla que incluso se le veía correr y dar taquitos y gambetas. Pero a todo esto faltaba por aparecer Villa. El Guaje quería marcar su primer gol en Champions y vaya que si lo consiguió. Derechazo desde la frontal como a él le gusta, pegadito a la cepa del palo, imposible para Doni. 2-1 y a jugar.
Tras el descanso se preveía un partido reñido, sufrido y muy complicado, pero las previsiones no siempre se cumplen. Totti lo intentó pero su equipo no le acompañó. Pizarro -que había distribuido el juego de la Roma de forma brillante en la primera parte- se diluyó, Montella no apareció y De Rossi y Perrotta no estuvieron a la altura.
El Valencia no sufrió, creó ocasiones para ampliar el electrónico e incluso le birlaron dos penaltis que hubiesen otorgado una tranquilidad muy valiosa para los aficionados. El Valencia crece partido a partido. 2-1, tres puntos, y media clasificación en el bolsillo.




La segunda parte fue completamente distinta a la primera. Los catalanes, como era de esperar, se echaron al ataque en busca del empate y lo consiguieron demasiado pronto. A partir de ese instante los de Quique no aprovecharon los espacios que dejaban los locales para trenzar un contraataque mortal. Ni se acercaron por la portería de Victor Valdés.
Lo primero de todo es observar el campo del Barcelona vacío y admirar su inmensidad. Desde fuera parece poca cosa, pero el hecho de que esté hundido engaña a más de uno.
Un día más tarde se repite la escena. Mientras conduzco enciendo la radio, así aprovecho cualquier instante para estar a la última en la información deportiva. Escucho el mismo programa que la jornada anterior, 'Intermedio'.

El caso de Joaquín es parecido. Como jugador del Betis visitó el feudo azulgrana varias veces, y en su mayoría cuajó una buena actuación. Especialmente reseñable es la de la campaña 04-05, en la que el del Puerto de Santamaría marcó dos goles y llevó loca a la defensa catalana durante todo el encuentro.

Mauricio Pellegrino es un enamorado del fútbol. Le encanta seguir ese deporte, su deporte. Se podría decir incluso que es un obsesivo del balompié. Lo estudia hasta la saciedad, lo analiza con meticulosidad, pero lo ama por encima de todo.

¿Está bien hecho? Mi opinión al respecto es muy clara, no. No, porque hasta que no exista una norma que señale al árbitro como único responsable de dictaminar cuándo se detiene el juego si un futbolista está tendido en el césped, el balón deberá ser evacuado del campo como señal de deportividad. Con esa norma se conseguiría que no se diesen debates sobre la conveniencia o no de lanzar el balón más allá de las líneas de banda.





Pocos días más tarde, el equipo dirigido por Quique Sánchez Flores congeló el infierno de Atenas con 4 goles en el Georgios Karaiskakis. Un triunfo que rompía con el gafe del preparador valencianista, puesto que de sus 4 salidas europeas no había saldado ninguna con victoria. 












Los valencianistas acogieron al equipo como algo propio, se trataba del "hijo" deportivo del Valencia. Su primer presidente fue Federico Blasco Marzo, mientras que su primer técnico fue otro ex jugador del club, Picolín.
El Mestalla ha sido criadero de un gran número de jugadores que más tarde han ayudado al Valencia a conseguir las más altas cotas. Futbolistas como Guillot, Fernando, Albelda o Claramunt han pasado por la cantera del club ché para, más tarde, agrandar el nombre del Valencia Club de Fútbol con goles y triunfos. El hijo se ha hecho mayor.
Muchos chavales de la Escuela de la entidad ché seguro que agradecerán la incorporación de José Carrascosa. En gran medida aquellos que estén lejos de casa y se les haga duro el día a día en la capital del Turia. Casos como el de Silva -lo pasó muy mal cuando aterrizó en Valencia- o Jesús Navas son habituales entre gente a la que aún le queda un largo camino por recorrer en su vida. Todas las precauciones son pocas.



